domingo 2 de agosto de 2009

Poema Oleaginoso

domingo 6 de julio de 2008

¿En qué tanque estarán ahora?

DOT's POETRYCORNER: "The Shoe"

martes 23 de octubre de 2007

Algo escrito sobre gustos

Una reflexión sobre la afirmación: “sobre gustos no hay nada escrito”.

Constantemente, y desde los tiempos más remotos, se ha escrito sobre gustos, gustos construidos convencionalmente, gustos guiados por la ética o, inclusive, gustos que uno cree completamente propios y originales.
Un ejemplo de esto es la obra de Jean Racine, “Fedra”, que toma un mito griego y lo adecua a las exigencias de una época.

El tratamiento de la fábula que efectúa Racine está absolutamente condicionado por el marco social en el que se desenvuelve el autor y por la relación de éste con su obra. Intenta adaptar la historia a un contexto de restricciones; con el fin didáctico que debía tener la obra, en esos tiempos, para el público cortesano, principalmente atendiendo a la “literatura de la civilidad”, que tenía como fin exponer y enseñar los modales legitimados por la sociedad.

Racine, siguiendo las normativas, reestructura el mito adaptando los personajes como Fedra e Hipólito; en Fedra el único error es “sentir”, y la consumación de las acciones debe pasar por un filtro de época. Como Racine dice en su prólogo:

He creído que la calumnia era algo demasiado ruin (…) y aborrecible para ponerla en labor de una princesa que muestra por otra parte sentimientos tan nobles y tan virtuosos”.

El lugar donde se produce la acción, que en “Fedra” son sentimientos, pasiones y pensamientos, es el cuerpo mismo, más precisamente en el interior de los personajes. Así podemos ver que aunque no es visible en el cuerpo mismo, todo lo que sucede dentro del cuerpo, tiene sus efectos.

“En los movimientos del cuerpo y del rostro, en el porte y en el vestido, se advierten al mismo tiempo los elementos de una caracterización psicológica y los de una taxonomía social. (…) Proyecta al individuo fuera de sí mismo y lo expone al elogio o a la sanción del grupo.” (Revel, 1992:169)

Esto explica cómo la ausencia total de acción física pone en las palabras y en los que las motivan el significado de la obra, y cómo, entonces, por una cuestión de gusto compartido, una obra que no respetara esos cánones no iba a obtener una crítica piadosa.

Imagen de http://www.biografica.info/fotos/RAC2.png


lunes 15 de octubre de 2007

Apostar por la pasión

Pasión, gustos, conocimiento, éxito. Generalmente el disfrute y la comodidad de una persona se desarrollan en los terrenos que más conoce.
El caso de Roberto Fontanarrosa no es la excepción. Contradictoriamente, afirma que siempre entendió de qué hablaban árbitros, jugadores de fútbol y directores técnicos, en cambio, encontraba una barrera interpretativa frente a sus colegas escritores. ¿Puede ser que la escritura haya sido un placer pero el fútbol su pasión?


Entrevista a Fontanarrosa



Post relacionado “Apostar por el humor”

viernes 12 de octubre de 2007

Sobre la cultura de masas

Enrique Pinti critica, una vez más, la situación actual del común de la gente. Esta vez el blanco es la falta de variedad de contenidos en televisión, su repetición y la carencia de ideas motivadoras.

martes 2 de octubre de 2007

Apostar por el humor

Una jugada importante para recuperar la sonrisa olvidada.
Hacer reír es una tarea difícil, más aún hacerlo a través de la escritura. Los escritores utilizan el humor recurrentemente en sus obras. Generan perfectos climas de distensión, pero en realidad son muy pocos los que se animan a invertir su tiempo y su genio exclusivamente para divertir a sus lectores.

Anoche, mirando un programa de TV, escuché que se hacía alusión a la escasez de escritores humorísiticos –el programa se centraba en la figura de Roberto Fontanarrosa- y esto trajo un nombre automáticamente a mi memoria: Álvaro de Laiglesia.

Un escritor español de la década del ’50, de palabras simples, ideas brillantes y conceptos absurdos, lejanos a la realidad, que permitía que su obra fuera leída en un instante de delirio.

Su distanciamiento de la realidad, su estética surrealista, hacía que las acciones en la obra fueran creando una totalidad que se iba aproximando al lector a través de las palabras leídas. El estilo de De Laiglesia se debe a que éste vivió su vida y escribió su obra durante el período franquista por lo que trataba de burlar la censura de cualquier forma (su herramienta especial sería lo absurdo).

Vale la pena recordarlo ya que su obra está agotada, ni siquiera Wikipedia tiene una página para dedicarle, no hay ningún texto pululando en el ciberespacio y lo poco que se dice de este humorista es que es una pena que haya sido olvidado.

Frases del escritor:

"La modestia es la virtud de los que no tienen otra."

"En Oriente la mujer no suele ver al hombre antes de casarse. En Occidente, después."


domingo 23 de septiembre de 2007

Tratar la identidad

Héctor Tizón nos brinda con “El Hombre que llegó a un Pueblo”, la nostalgia de un individuo sin nombre que busca ser alguien en un pueblo sin voluntad.

El título de la obra es un buen primer acercamiento a la historia: “El hombre que llegó a un pueblo”.
Efectivamente, la obra relata las peripecias de un individuo que llega a un poblado, pero no es esto lo que crea intriga en la trama sino la construcción de este “hombre”.
El relato trata de manifestar la crisis de identidad del sujeto y el reconocimiento de la persona y, al mismo tiempo, determinar el rol que el pueblo cumple en todo esto.
El hombre flaco, como se lo llama al extraño que arriba al pueblo, carece de energía propia, pero hace suya la voluntad de los pueblerinos. Se convierte en aquello que el colectivo le pide. Es este ser fingido, este impostor, no el verdadero viajante, el que será respetado al aceptar los pactos que se le ofrecen.
Al lector en la obra también se le ofrecen pactos y, con éstos, opciones para abordar la historia. O puede renegar e imposibilitar la lectura, teniendo presente todo el tiempo que el protagonista es un farsante. O bien, puede empezar a creer con él. Creer en el individuo que se va convirtiendo, debido a la presión de toda una comunidad, en lo que todos desean que sea: la voluntad de un pueblo.
De esta forma, la vida de los aldeanos se tiñe con una insoportable falta de compromiso, una incapacidad de acción sin previa autorización, en la que toda disposición reposa en la sabiduría de un forastero.
Todos, en algún momento de nuestras vidas, nos encontramos ante la posibilidad de experimentar lo que es ser lo que los otros esperan que seamos. La cuestión radica en hacerlo o no, fingir o ser auténticos, transgredir o conformar.

Se pregunta el autor: ¿Somos lo que creemos ser, o somos lo que los demás creen o quieren que seamos?

Otra opción de análisis http://www.lacapital.com.ar/2005/07/31/seniales/noticia_215777.shtml