martes 23 de octubre de 2007

Algo escrito sobre gustos

Una reflexión sobre la afirmación: “sobre gustos no hay nada escrito”.

Constantemente, y desde los tiempos más remotos, se ha escrito sobre gustos, gustos construidos convencionalmente, gustos guiados por la ética o, inclusive, gustos que uno cree completamente propios y originales.
Un ejemplo de esto es la obra de Jean Racine, “Fedra”, que toma un mito griego y lo adecua a las exigencias de una época.

El tratamiento de la fábula que efectúa Racine está absolutamente condicionado por el marco social en el que se desenvuelve el autor y por la relación de éste con su obra. Intenta adaptar la historia a un contexto de restricciones; con el fin didáctico que debía tener la obra, en esos tiempos, para el público cortesano, principalmente atendiendo a la “literatura de la civilidad”, que tenía como fin exponer y enseñar los modales legitimados por la sociedad.

Racine, siguiendo las normativas, reestructura el mito adaptando los personajes como Fedra e Hipólito; en Fedra el único error es “sentir”, y la consumación de las acciones debe pasar por un filtro de época. Como Racine dice en su prólogo:

He creído que la calumnia era algo demasiado ruin (…) y aborrecible para ponerla en labor de una princesa que muestra por otra parte sentimientos tan nobles y tan virtuosos”.

El lugar donde se produce la acción, que en “Fedra” son sentimientos, pasiones y pensamientos, es el cuerpo mismo, más precisamente en el interior de los personajes. Así podemos ver que aunque no es visible en el cuerpo mismo, todo lo que sucede dentro del cuerpo, tiene sus efectos.

“En los movimientos del cuerpo y del rostro, en el porte y en el vestido, se advierten al mismo tiempo los elementos de una caracterización psicológica y los de una taxonomía social. (…) Proyecta al individuo fuera de sí mismo y lo expone al elogio o a la sanción del grupo.” (Revel, 1992:169)

Esto explica cómo la ausencia total de acción física pone en las palabras y en los que las motivan el significado de la obra, y cómo, entonces, por una cuestión de gusto compartido, una obra que no respetara esos cánones no iba a obtener una crítica piadosa.

Imagen de http://www.biografica.info/fotos/RAC2.png


3 comentarios:

claudia paredes dijo...

Alucinante lo de "todo lo que sucede en el cuerpo tiene sus efectos". Algunos efectos son colaterales y no deseados. Pero el pensamiento sigue siendo el instinto de supervivencia contracorriente!

Evangelina Hirschfeld dijo...

Ves, es un GUSTO recibir tus comentarios! siempre remarcando las ideas que más me llaman la atención! El cuerpo ha sido tan estudiado, llamado de tantas formas, relacionado con millones de cosas... pero todo se canaliza a través de nuestras maravillosas cabecitas!

goloviarte dijo...

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